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lunes, 19 de diciembre de 2011

¿Dónde para el tren de Sol?, pues en Recoletos

Te levantas a las 6:30 de la mañana para poder coger el tren a tiempo de llegar al curro.

Lo haces como todas las mañanas, corres como todas las mañanas y coges el de todas las mañanas. Pero una vez dentro, te anuncian por megafonía que los trenes que van a Sol no van a parar por un problema técnico...¡pero lo anuncian cuando ya estás montado! A parte del tiempo interminable que hemos estado parados en el túnel...

Resultado: Me he tenido que bajar en Recoletos, que no estaba ni siquiera en la ruta, e ir andando hasta Sevilla, (hasta el metro Sevilla, ya quisiera mi santa madre que yo trabajara en Sevilla).

Pregunta: ¿Quién me va a devolver los 40 minutos que he llegado tarde inútilmente?

Respuesta: Me van a dar por culo Nadie.

Conclusión: Otro Lunes cojonudo.

jueves, 14 de julio de 2011

Salir del tren, (El Metro, 4ª Parte)

¿Habeis probado en montaros en el metro de Madrid y no agarraros a nada?

Retar al equilibrio no suele ser en estos casos muy complicado, que es un tren de metro, no el Dragon Khan...

O eso, o el vagón va tan petado de gente que no puedes ni respirar, menos aún caerte, por lo que no tienes ni que agarrarte ni mantener el equilibrio.

Lo más común es que a las 7:30 de la mañana esté en un término medio en el que te tengas que agarrar pero no puedas moverte con mucha libertad sin molestar y apretujar los cuerpos con extraños ojerosos camino al curro.

Pero entonces te cruzas con un tipo de señora que sólo te puedes encontrar en el metro..."La Señora que no se Fia de que la dejes salir en SU Parada"...

"¿Vas a salir?", te pregunta con la mirada fija en la puerta, porque tú no eres una persona, eres Su Obstáculo.

"No", contestas nervioso mientras ves que estás más seguro entre un león hambriento y un ñu cojo que donde estás en ese momento: entre La Señora y La Puerta...SU Puerta.

Antes de que puedas reaccionar, antes de que el metro pare, antes de que se abran las puertas, la Señora te empuja de un modo que sólo las Señoras saben.

Hay un punto en todo ser humano, cerca de las costillas flotantes, donde si aprietas sutilmente, te retuerces entre las cosquillas y el repelús mientras te empujan a rozarte con un desconocido todavía húmedo de la ducha matutina que juega con su nintendito portátil.

Como estás cansado de que la gente te gane la partida, dices amablemente, "Señora, no se preocupe que ahora le dejo salir...", pero ella hace oídos sordos a tu comentario, como un tiburón cuano ataca a su presa, tiene cerrado los oídos para concentrarse en su objetivo: Superar la falta de respeto de la juventud de hoy en día por existir y ocupar espacios vitales en lugares públicos, y llegar a la puerta para salir del metro como si estubiera huyendo del mismísimo Belcebú sin darte si quiera la oportunidad de ser amable y salir tú para que salga ella, o esperar a que el metro se pare para poder moverte, (tu y todos), para dejar salir tanto a la Señora como a todos los que quieran bajar...

En fin, son cosas que pasan, que hacen que llegues al curro con las cejas bajas y cara de mala leche... y el tenso ambiente prevacacional de la oficina no mejora mucho tu humor... menos mal que es Jueves...

jueves, 9 de junio de 2011

Cuestión de espacio, (El Metro, 3ª Parte)

Una de las cosas que todos odiamos de ir en metro (al menos en Madrid), es la aglomeración de gente...sobre todo en verano, que te ves rodeado de cuerpos que desprenden calor, sudor y olor a sudor...

Pero sobre todo la mala educación de la peña es lo que me alucina. Si estás apretado en el metro, es hasta cierto punto normal, porque es un transporte público y, en hora punta, ¿Qué esperas?

Pero hay veces que aun con sitios libres incluso para sentarse, la gente se te pega de un modo bastante molesto, y lo que es peor, sin miramientos.

El otro día estaba yo tan tranquilo camino a casa leyendo mi libro cuando de pronto, un brazo se interpone entre las páginas y yo. Un niñato de mirada perdida y cascos de DJ se agarró a la barra que tenía yo al lado, poniéndose en todo el medio.

Miré a mi alrededor y el chavalote tenía muuucho sitio donde ponerse y/o agarrarse. Le sonreí, (ya sabeis cómo) y le señale el libro con la mirada...él me devolvió la sonrisa con una mirada vacía y estúpida mientras movía la cabeza al ritmo del regetón que le dejaba sordo, si ninguna intención de moverse.

No si un creciente ardor de resignción, me cambié de sitio, (ya que había mucho) para seguir con las aventuras de unos magos en el colegio. Al rato alcé la mirada y allí estaba el gilipollas chaval, sonriéndome y mirándome de arriba a abajo...

“Un capullo de 16 años me acaba de ganar la partida”, pensé yo.

Pero me quedé tranquilo: “Estoy por encima de estas cosas...” volví a pensar, mientras una irritante voz en mi interior me susurraba: ”El que no se consuela es porque no quiere...”

¿En serio tenemos que aguantar estas cosas? ¿Porqué soy yo al que le está frustrando la buena educación de mis padres?

martes, 12 de abril de 2011

Niñatos con Banda Sonora, (El Metro 2ª Parte)

Ayer cogí el metro para ir al curro...y, no es que sea la primera vez que me pasa, pero ha sido casi la más escandalosa.

He tenido la desgracia de coincidir con un grupito de chavales, dos parejitas que, supongo yo, deberían estar en el instituto. Escaqueos a parte, estaban ellos dos tratando de impresionarlas a ellas dos, (todo hormonas)...y qué mejor modo de hacerlo que con un miniconcierto de la música enlatada del movil.

Cuando vas en el metro, es normal encontrarte con gente que entra en el vagón para cantar/tocar/interpretar su tema y luego pedir unas monedas. Hay algunos que tiene más arte que otros, pero nunca he pensado que molesten. Es más, creo que le dan encanto al transporte público...pero los niñatos que van con sus móviles y su chundachunda a todas partes a todo volumen...no lo soporto.

Los que vamos escuchando música con nuestros casquitos no molestamos a nadie, no vamos compartiendo nuestro (dudoso) gusto musical con el resto de gente que vamos a trabajar, o volvemos de trabajar, o lo que sea que nos pone de mala leche, porque en el metro todos vamos con cara de cabreo, pero gracias a los cielos, vamos cada uno a nuestra bola...pero ellos, pretenden que escuchemos y escuchemos y escuchemos el reguetón del momento.

Y si les dices algo, encima te contestan...si es que ya no hay respeto...(hmmm...esto va a otro post).

Recuerdo cuando era niño, que como alzaras un poco la voz en el autobus te reñía tu madre y te quedabas mirando al suelo. ¿Poner música? Ni se nos ocurría.

viernes, 25 de marzo de 2011

Esas señoras que creen que tienen derecho a todo (El Metro, 1ª parte)

Hay seres que te puedes encontrar en cualquier parte, pero hay un lugar que los reune a todos y además, desvela sus mejores cualidades.

Lo que no encuentres en el metro de Madrid, no lo encuentras en ninguna parte. En serio.

He tenido algún que otro encontronazo con distintos tipos de personas, pero como las del metro, ninguna.

Recuerdo con especial cariño a una señora que coincidió conmigo en la puerta, ella en el andén y yo dentro del vagón. Era mi parada y traté de salir de entre el grupo de gente agolpada en la salida, no sea que se muevan las puertas del tren y no puedan bajarse dentro de 4 ó 5 estaciones...

Agobios a parte, yo repté como una rata entre tanto hombro y cuando por fin llego a mi meta y me dispongo a salir, la Señora, me planta la mano en el pecho y me empuja hacia dentro diciendo que soy un mal educado que no la dejo entrar en el tren...

Ojiplático traté de zafarme de ella pero no lo conseguí, y entre gritos de ella y mis pequeños y tímidos "Pero señora, pero señora", se cerraron las puertas y ¡me quedé dentro!

Empecé a decirle a la Señora, bastante alterado la verdad, que mi abuela me había enseñado que se deja salir antes que entrar, pero eso sólo sirvió para que me chillara más y repitiera una y otra vez, "¡Los jóvenes ya no tenéis respeto!...¡A mi me va a decir un niñato lo que tengo que hacer!...¡¡A MI!!"

Al final le dí la espalda abochornado por las múltiples miradas que todo el vagón nos dedicaba y me baje en Callao en lugar de en Sol, pero la señora no dejó de hablar sobre que si qué poca vergüenza tenía, que si ella fuese mi abuela me hubiera enseñado más modales y cosas así...

Lo peor no es que pensé muchas maldades hacía aquella bruja poseída...lo peor es que no sé que tipo de educación habré recibido yo, que en lugar de contestarle y enfrentarme más a ella, me acabé sintiendo culpable y algo avergonzado por lo de decirle lo a mi me habían enseñado de pequeño...

Estamos todos locos.